Hoy, después de un tiempo sin escribir, me apetece hacer un post para hablaros de los duendes de la mediación... el duende de mi maestro. Curioso título, ¿verdad?, pero conforme vayáis leyendo, os daréis cuenta de su razón de ser y de que no es un título elegido al azar.
Cierto día de verano del año 1999, aprovechando que había finalizado los exámenes de Julio y con ocasión de los cambios de planes de estudios en la Universidad Pablo de Olavide, que obligaba al alumnado a hacer un numero de créditos de libre configuración, me apunté a un curso de formación especializada denominado "La Mediación como método ADRS para el arreglo de los conflictos jurídicos sociales". Las razones que me llevaron a realizar este curso fueron dos: primero, empezar a quitarme de encima esos incómodos créditos de libre configuración que, durante el curso escolar, era bastante tedioso para mí hacerlos, y en segundo lugar, como estudiante de Derecho en la que la vía judicial es el método tradicional, por antonomasia, para resolver los conflictos que afloran en nuestro día como consecuencia de nuestra relaciones interpersonales, y las consecuencias que muchas de estas relaciones tienen en el ámbito jurídico, me picó la curiosidad el hecho de qué era la mediación, cómo podía solucionar problemas al margen de la vía judicial y qué era eso de los ADRs. En definitiva, pudo la curiosidad más que la pereza estival y me apunté ..., nada hizo sospechar en mí, por aquel entonces, la repercusión que tendría en mi futuro ese curso, la mediación y el docente que allí conocería, capaz de inyectar virus sin agujas, y de cuyo antídoto ni los alquimistas descubrirían, para ser mas tarde mi maestro en mediación.
Hay un refrán que dice que Dios escribe derecho en renglones torcidos, y así lo siento hoy dia, pues, después de hacer ese curso y acabar años atrás mi licenciatura, tome camino que me apartaron de la mediación y de la persona que sería más tarde mi maestro mediador... pero no importaba, el destino me lo había puesto en mi camino, aunque me hablara de arbitraje -no de mediación- y el virus inyectado, tan solo era cuestión de tiempo que Dios o el destino hiciera de las suyas para volvernos a reencontrar y que el virus hiciera efecto, pues bien, así fue, una bonita mañana de primavera del año 2012 en el Puerto de Santa María.
Allí me hablaron los duendes de la mediación, y entre ellos, el duende predestinado a ser mi maestro. Conocí el duende sereno, de carácter gruñón y entrecejo fruncido, maduro dicen que sin él no cabría mediación alguna porque posibilita viajar a las partes a "la solución"; conocí al duende confidencial, callado, de pocas fiestas y amigos, pero de total confianza; el duende observador y travieso, no se le escapa nada con unos dones especiales; me hablaron del duende formado que parece un alquimista, tiene el don de la sabiduría aunque siempre diga "solo sé que no se nada" .... y así unos cuantos más, hasta llegar al duende de mi maestro: empático, observador, comunicador, alquimista, pintor de paisajes ilusionistas, educador..., que se pasea entre el dialogo, la comunicación, el acuerdo de la paz, y tiene un duende andaluz, que en primavera se viste con sones cofrades sevillanos. Con los sentidos y mi gusto en todo lo relacionado con conflictos y resoluciones, sea en via judicial o a través de los ADRs, acabando estos días unos trabajillos encargados, no puedo menos que pensar, sentir y decir... Al duende de mi maestro, Mediador entre mediadores, de cuyo nombre no quiero acordarme, ... GRACIAS. Este post, va por ti, J.A.S.

Que buenos recuerdos traen esos duendes de los que hablas. Cuánta imaginación nos hizo derrochar, así como con la caja de herramientas, los colores......De todo se aprende, si señor, y veo que tú lo has hecho.
ResponderEliminarUn beso, nos seguimos leyendo.
Sí Carmen, estos duendes nos traen recuerdos maravillosos que nos saca una sonrisa y nos hace recordar por qué empezamos en mediación y nos ayuda a no desistir en el intento. Algún día os dedicaré uno a vosotros, a todos esos maravillosos compañeros/as que encontré en el camino. Un beso!
EliminarPrecioso.... que el duende se quede para siempre en tu vida. Un abrazo.
ResponderEliminarIgualmente Ángeles, que los duendes de la mediación te acompañen en este camino tan bonito que has escogido como es el de la mediación. Besos
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