Que la mediación es una alternativa de resolución extrajudicial de conflictos es una cuestión que no nos es ajena en los tiempos actuales, que cada vez toma mas fuerza a raíz de la proliferación de servicios y entidades de mediación creadas, que ofrecen servicios de intervención a ciudadanos, sobre todo, en el ámbito familiar y comunitario, y de escuelas de formación para complementar la formación ya adquirida por mediadores profesionales o para iniciar a distintos profesionales en este ámbito de gestión y resolución de conflicto.
Su utilidad y eficacia ha sido demostrada en materia de familia y en proyectos educativos, siendo dudosa o, al menos, discutida su eficiencia en otros sectores como el hipotecario o, tras la última regulación normativa publicada en el mes de diciembre, la concursal, dónde se pone en entredicho principios y requisitos procedimentales propios que diferencia la mediación de otros métodos alternativos de resolución de conflictos.
Problema que me preocupa y que me anima a escribir este post no es en qué materia la mediación es viable o no, sino si estamos haciendo una labor de difusión y acercamiento de la misma a la ciudadanía, de forma clara, comprensible y profesional desde los distintos estamentos sociales y políticos, o estamos dedicándonos -vamos a meternos todos y, sálvese el que este libre de pecado- a aprovechar este tirón para arrimar las ascuas a nuestro brasero, y mientras este boom dure intentar sacarle un beneficio económico, nada de malo por cuanto que los profesionales han de ser retribuidos en sus servicios; pero, ¿están lo suficiente informado los ciudadanos sobre qué es mediación y cómo se hace la misma?, ¿cómo detectar casos de intrusismo?, ¿cómo saber si los precios de los distintos servicios en mediación son acordes y proporcionales a los servicios prestados a los mediados?, ¿ante una materia nueva en el plano práctico -salvo en ámbito familiar y poco mas-, ¿quién nos dice que los contenidos de los cursos son los adecuados para formar en mediación?.
En fin, habrá tantas opiniones sobre tema como gama de colores existen. Cómo podréis comprobar me preocupa que la mediación sea, al igual que determinadas profesiones, de carácter vocacional, puesta al servicio y beneficio de la ciudadanía que quiera optar por ella, el profesional mediador no sólo debe ser sino sentir la misma sin interferir cuestiones de índole personales o económicas propias; si bien, no quita por ello que no se retribuya el trabajo del mediador.
Acabo con una definición del profesor y mediador profesional D. Antonio Veigas Olivares, leída este fin de semana en una conocida red social, que resume el verdadero espíritu y razón de ser de este post "Ser Mediador no solo es hacer un curso... Es tener algo en el carácter que te hace diferente. Ni mejor ni peor, sólo diferente".
By Reyes Coto Jiménez

De acuerdo contigo Reyes. Opino que ser mediador ha de ser algo más que tener aptitud, hay que tener actitud para serlo y ejercerlo,por supuesto,con aptitud. Ahora bien, has planteado un gran dilema que yo también tengo ¿Son apropiados todos los curso para formar en mediación? ¿Son los profesores aptos para formar en mediación? ¿Cuántas horas reales en mediación cuentan en su haber? ¿Qué actitud tienen frente a su aptitud? Yo cada vez soy más exigente con ello, no me conformo con lo primero que me ofrecen. Un saludo Reyes, es un placer leerte.
ResponderEliminarGracias Nuria por tu aportación, es importante que como mediadores nos planteemos estos dilemas para intentar solucionarlos. Un abrazo, un placer mutuo
EliminarRealmente es un tema a debatir largo y tendido. Hay tantas opiniones distintas y de personas tan arraigadas a la materia que la verdad, no sabes que pensar. De lo que si estoy segura es de que tenemos que tener algo distinto, llámalo como quieras, pero las cualidades de un buen mediador, unas se podrán hacer con el tiempo, pero aquél que perdura, es el que tiene algo con lo que nació.
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